Cancionero

Deja tu comentario

 REFLEXIÓN

Nunca pensé en la muerte,
pero ahora pienso en ella.
La siento rondar despacio,
la siento pasar muy cerca.

Dicen que el joven la mira
como un rumor muy lejano,
pero al pasar ciertos años
uno la siente esperando.

Se esconde en días tranquilos,
detrás del sol de la tarde,
y lo que me inquieta de ella
es su manera de entrar.

De un día para otro
alguien se vuelve silencio,
de un día para siempre
del mapa lo borra el viento.

Sopla sobre las calles,
sobre los nombres y el tiempo,
y donde estuvo una vida
solo respira el desierto.

Se apagan preocupaciones,
títulos, citas, encargos,
el hombre en la fila diaria,
el socio del club del barrio

Y me pregunto en qué parte
queda lo que fuimos siendo,
las pequeñas devociones
que sostuvieron el tiempo.

 

¿Dónde se va la ternura
que regaba aquel jardín?
¿Quién guarda el gesto paciente
de ver las hojas abrir?

De un día para otro
alguien se vuelve silencio,
de un día para siempre
del mapa lo borra el viento. 

 

SOLEDAD

 

Cuando estoy sola puedo acercarme a la esencia,
respirar sin máscaras ni gestos que tenga que ensayar.
Pero el silencio se vuelve tan vasto y tan hondo
que todo se empieza a desdibujar.

Nada hay como la noche, la brisa, el árbol y mi balcón,
cierta presencia felina que pasa sin pedir explicación,
y las ventanas de enfrente con su vida pequeña encendida,
como faros domésticos latiendo en la urbanización.

Pero las risas que suben frescas desde la vereda
me atraviesan el pecho como un filo inesperado:
soy una triste vampiresa mirando la vida de lejos,
¡una criatura nocturna que no puede beber de ese vaso!

Camino largamente, cubierta de pena y de sal,
con estos, mis ojos húmedos que ya no intento ocultar.
Cruzo el puente donde otras noches reía y me aventuraba,
sueños, bromas, candidez que no supe conservar

Busco en cada mirada un resto de humanidad,
alguien que al verme pasar reconozca la herida.
Pero la gente impostada transita su propio decorado
y nadie advierte que voy desangrándome por la avenida.

El último rayo de sol es hermoso y profundamente triste,
y después la ciudad se vuelve un sueño irregular:
escaparates pintados de rosa chicle absurdo,
negocios con luces de feria que no dejan de titilar

La gente entra y sale cumpliendo su escena diaria,
rostros que pasan veloces sin detenerse a mirar.
Yo busco en algún destello un gesto tibio y humano,
pero comprendo de pronto que no va a suceder jamás.

Entonces apuro mi paso aunque me duela seguir,
como quien cruza la noche sabiendo que no habrá señal.
Acepto con un temblor sereno que mi camino será en soledad.
Y comprendo que hay almas que caminan el mundo
como faros encendidos… pero lejos del mar.

Post anteriorEntrada antigua Inicio

0 comments:

Publicar un comentario